Tomada de la edición impresa del 12 de agosto del 2008

Un guardián del patrimonio cultural

El gestor cultural, Rodrigo Pallares, en su casa ubicada en Tumbaco, a las afueras de la ciudad de Quito. | FOTO: ALEJANDRO REINOSO / El Telégrafo

FOTO: ALEJANDRO REINOSO / El Telégrafo

El gestor cultural, Rodrigo Pallares, en su casa ubicada en Tumbaco, a las afueras de la ciudad de Quito.

El ganador del Eugenio Espejo habla de las conquistas que marcaron su vida



Rodrigo Pallares no pierde la sonrisa a pesar de su largo trayecto por la vida. Son más de cincuenta años dedicados a la arquitectura, la museología, el rescate cultural y patrimonial. A sus ochenta y dos años acaba de ganar el Premio Espejo en la categoría Actividades Culturales. ¿Por qué? Por haber dejado al país un importante legado cultural, logrando verdaderas proezas como conseguir que declarasen a Quito la primera ciudad “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, en 1978. Tarea por demás difícil, puesto que su candidatura se rifaba entre urbes como Roma, París o las pirámides de Egipto.

Poco se ha reflexionado el cómo es que una pequeña ciudad desconocida, “tercermundista”, logró tal reconocimiento mundial. “Yo había presentado dos candidaturas. La de las Islas Galápagos era más fácil, porque era conocida internacionalmente debido a la Teoría de la Evolución Darwinista. En cambio Quito… muchos se rieron de mí cuando la propuse”, recuerda Pallares.

Por sus labores en el área de rescate patrimonial, con la creación del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), fue nombrado miembro del comité intergubernamental de patrimonio mundial, de la UNESCO. Pallares “ya conocía el secreto”, estaba bien capacitado y supo como presentar el proyecto.

Hizo toda una promoción mediática previa. Invitó a periodistas internacionales, entre los que estuvieron Le Monde de París y el País de España, a los que llevó a Galápagos. “Se quedaron maravillados y en todo el mundo se publicaron reportajes sobre las Islas Encantadas”.

Pallares consiguió que declararan a Quito la primera ciudad “Patrimonio Cultural de la Humanidad”

Con el caso de Quito fue puro amor. Nacido en plena Plaza del Teatro, una de las más emblemáticas de la quiteñidad, la convicción de la belleza de su ciudad logró lo imposible. “Contraté un camarógrafo colombiano que se hallaba filmando los rincones más bellos de Quito. Se hizo un documental promocional, el cual presentamos ante los miembros del comité y aprobaron ambas solicitudes por unanimidad”, acota orgulloso Pallares.

Para este gestor cultural, lo que convenció a los funcionarios de la UNESCO fue la ubicación de Quito –enclavada en los Andes- y su eterno verdor, además de la belleza de sus iglesias y conventos. “A partir de entonces, el turismo se incrementó, la ciudad progresó muchísimo y las Galápagos se consolidaron como un destino de viaje internacional”.

Pese a todo el movimiento económico a favor que ello trajo, Pallares hoy lamenta que las Galápagos se hayan vuelto un territorio vulnerable. “En esa época entraba un flujo de 12 mil visitantes al año, hoy son 200 mil y eso es un desastre”.

No obstante, su labor no se detuvo, siendo director del INPC -labor que desempeñó durante doce años- logró la restitución de 12 mil piezas patrimoniales arqueológicas, en 1983. Ésta ha sido catalogada como una de las mayores recuperaciones de objetos patrimoniales, a nivel mundial. “Él había visto coincidencialmente en una revista  que un arqueólogo italiano iba a hacer una exposición en Milán, de piezas precolombinas ecuatorianas. Siete años se demoró el juicio en Turín, finalmente se dio la razón al Ecuador”, cuenta Pepé Carrión, su esposa, quien es hija de Benjamín Carrión y también escritora.

Su labor preservación de bienes patrimoniales continuó desde 1988 durante cuatro años, al frente de los Museos del Banco Central, donde realizó importantes exposiciones mundiales. Posteriormente se dedicó “a su patrimonio personal”, al hacerse cargo de su hacienda en la Concordia, donde se cultiva palma africana y una hostería en Same.

Actualmente Pallares disfruta de su descanso de jubilación -junto con su mujer- en su casa en Tumbaco, a las afueras de Quito.
Rocío Carpio
mcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito