Tomada de la edición impresa del 14 de noviembre del 2008

Un Bond en construcción

El actor inglés Daniel Craig, de cuarenta años, es el sexto agente 007 en la historia de esta saga cinematográfica de espionaje, iniciada a principios de los años sesenta. | FOTO: AFP

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El actor inglés Daniel Craig, de cuarenta años, es el sexto agente 007 en la historia de esta saga cinematográfica de espionaje, iniciada a principios de los años sesenta.

Quantum of Solace es la segunda cinta de James Bond con Daniel Craig



Todo actor elegido  para interpretar al agente 007 (a veces ungido por dicho nombramiento, otras, sacrificado, remitido de por vida al estereotipo) viene con algo así como una candileja: la ubica sobre ciertos aspectos del personaje, los alumbra como quien subraya o enfatiza. Suprime, a su vez, hunde en la oscurana, otros. Sean Connery –el maestro- era puro humor sarcástico; Roger Moore, elegancia y aplomo; Timothy Dalton, una especie de vibra adolescente, descomplicada; Pierce Brosnan, la transición a un Bond más cínico (¡aún!), más violento.

Y la violencia es Daniel Craig: un agente, como ha dicho ya la crítica, también más humano, vulnerable y, al mismo tiempo, irascible, vengativo e impredecible. El rostro cerril –y casi siempre ensangrentado- de jugador de rugby -deporte que Craig practicó hace años de manera amateur-, da cuenta de un espía cuyo camino hacia la sofisticación y pericia innatas en la figura popularizada de Bond, está apenas comenzando. Así lo dispusieron los productores, quienes volvieron a leer el “génesis”, puesto que eligieron, en 2006, para abrir la saga de Craig, realizar un re-make de Casino Royale, que no es la primera cinta que se hiciera acerca del personaje de la M16, pero sí la primera novela de quien lo inventara: el británico ‘caribeñizado’ Ian Flemming.

Y fue un poco como la exhumación del Titanic; no hay que olvidar que en 1967 se convocó a una pléyade de figuras colosales del cine para una adaptación de dicha obra, que resultó un fracaso. Y cuando digo colosales me refiero a Orson Welles, Peter Sellers, Ursula Andress, Woody Allen, Deborah Kerr, William Holden, John Huston y Jean Paul Belmondo en la misma pantalla. Pero El Casino Royale “revisitado”, como diría Wong Kar Wai,  salió bastante bueno. Calló algunas bocas, sobre todo las de los detractores de Craig, quienes, antes del estreno, eran muchos. Existía, incluso, un sitio de Internet llamado “Daniel Craig no es Bond”. Pero lo es, y tras Casino…, ha regresado a buscar “un poquito de consuelo”: esa es la traducción más cercana al intraducible título original de la última producción: Quantum of Solace.  

Con un montaje que, por extremadamente vertiginoso, ha hecho amar a unos y odiar a otros la apuesta formal de la cinta, Quantum of Solace queda debiendo en cuanto a guión, sobre todo si se toma en cuenta que, de ese aspecto, se encargó Paul Hagis (quien escribió las últimas películas importantes de Clint Eastwood y fue director y guionista de En el valle de Elah). Es una narración sin giros suficientemente hábiles como para incluirla entre las producciones más relevantes de la saga histórica (Dr. No, Goldfinger, The spy who loved me)… ni siquiera para ubicarla, en términos cualitativos (la taquilla se encargará de imponer su tiranía), por encima de su inmediata antecesora.

En las películas del agente británico siempre viene incluido el placer culposo de disfrutar de los finales predecibles. El de Quantum lo es, no tenía por qué ser la excepción. Sin embargo, faltan otras ‘señas particulares’ que, seguramente, el cinéfilo extrañará: volumen suficiente en los personajes femeninos (Olga Kurylenko es la chica Bond, un verdadero mi-la-gro de la naturaleza, que pudo tener más relevancia), más trajes de etiqueta (siempre impecables)… pero, como decíamos al principio: es Bond en proceso de ser Bond.

Los que sí prevalecen son los clichés de siempre: la inverosimilitud de las aventuras y el paternalismo con el que se retratan los países del tercer mundo. Y quizá aquí esté, paradójicamente, lo más interesante del guión: a pesar de los estereotipos, la actualidad, la pertinencia con la que se plantea la controversia geopolítica de turno. Digna de esa afirmación que sugiere estas películas como la avenencia de dos naturalezas contrarias: cultura popular de la exageración y lo ligero, pero también espejo. 
Fabián Darío Mosquera
fmosquera@telegrafo.com.ec
Coordinador
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