Ciudad que transfigura el amor
Paris je t’aime es una película que se asemeja a la torre de Babel.
A diferencia de este pasaje bíblico que ha sido reinventado por el arte en múltiples ocasiones y que metaforiza el nacimiento de las lenguas, esta película pastiche es la metáfora de la multiplicidad del amor, la de sus mil caras y condiciones. París como la ciudad del amor es un estereotipo. ¿Qué tiene esta ciudad que cautiva? ¿Por qué ha sido el eterno escenario/imaginario de las artes? Se podría ensayar varias respuestas. Una de ellas es París je t’aime la cinta filmada en el 2006 por 22 directores de cine mundialmente conocidos (algunos, no tanto sobre todo en estas latitudes).
El hilo conductor es el amor en todas o casi todas sus dimensiones. La temática no es novedosa, pero sí la manera en que se expone este motivo universal. Paris je t’aime es un proyecto creado para mostrar una megápolis a través de los diferentes distritos que comprende esta ciudad vieja que se asemeja mucho a un vampiro centenario capaz de vivificarse después de cada succión.
Ahí aparecen todos esos sitios, que al menos en alguna ocasión hemos visto en una foto, en la televisión o escuchado nombrar por alguien. Pigalle, Bastille, Quartier latin, Tuileries, Pere Lachaise, Faubourgh Saint Denis, Montmartre, Le marais, el distrito 14 y otros se convierten en personajes compañeros de los actores y actrices que caracterizan cada una de las historias. ¿Que esta película no es comercial? Por supuesto que lo es. Si no, ¿por qué reunir en una misma cinta a Willem Dafoe, Juliette Binoche, Elijah Wood, Catalina Sandino, Maggie Gyllenhaal, Nataly Portman, Gerard Depardieu, Nick Nolte, y escoger a directores como Walter Salles, Isabel Coixet, los hermanos Cohen, Olivier Assayas, Richard La Gravenesse, o Wes Craven? La diferencia con cualquier otro proyecto comercial es la conjunción entre ese elemento y la estética que cada uno de los directores le entrega a las historias cimentadas en los barrios parisinos.
París cautiva, que no quepa duda, y el amor también. En esta cinta se transfigura. La primera imagen es una panorámica de esta ciudad monstruo y poco a poco la cámara nos lleva hasta Montmartre y a la visión de un hombre solo que mira pasar a las mujeres, medita sobre ellas, desea a una consigo, pero nada, hasta que el azar le entrega la oportunidad de una conexión. En otro episodio una joven mujer musulmana que lleva su cara cubierta con un velo camina a orillas del Sena hasta que tropieza con una piedra. Es la oportunidad de un parisino para acercarse a esa también francesa que es vista como una otra solo por llevar un velo. La ironía del amor, la muerte de un amor, la mordida imaginaria de una fantasía, el amor ciego y de los ciegos, o el amor de una pareja de clochards. Todas las historias posibles, con ejes distintos. Pero finalmente con una historia única, la de la ciudad que amalgama los relatos y a unos seres muy parecidos a los que tenemos cerca.
María Paulina Briones
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Editora de Cultura