Luchar contra el olvido
Lejos de ella es la película independiente que llegó a Guayaquil.
“Nunca dejes que alguna persona te haga sentir culpable por tu furia con Dios”, dice Fiona Anderson mientras camina sobre la nieve acompañada de su esposo. El viaje hacia la muerte se recorre cotidianamente; generalmente está marcado por el deterioro del cuerpo, que se vuelve un mapa bastante accidentado. Es inevitable.
Lejos de ella es una de esas películas que conmociona el ánimo porque habla sobre el único destino irrevocable de los seres humanos, pero sobre todo, de la pérdida de la memoria, y más que eso, de ser testigo de la reducción de las facultades intelectuales de la persona que se ama.
Esta última batalla, que en algunos casos se presenta más temprano, está librada por Grant y Fiona Anderson, caracterizados por Gordon Pinsent y Julie Christie, una pareja admirable que lleva casada más de 40 años, y no en el tedio con el que se caracteriza, generalmente, a los matrimonios duraderos, sino en el entendimiento y la armonía del amor, que además se traduce en momentos íntimos profundamente cálidos y entrañables, captados por la lente de esta película.
Hay que destacar, además, el rostro de Julie Christie, que sigue siendo de una hermosura tradicional y sobria, especialmente porque su participación en la cinta fue una opción de la directora y guionista, la canadiense Sarah Polley, a la que hemos visto como actriz en cintas dirigidas por Isabel Coixet (La vida secreta de las palabras, y Mi vida sin mí).
El relato que logra Polley, basándose en una de sus historias predilectas, The bear came over the mountain de la escritora canadiense Alice Munro, publicado el 27 de diciembre en 1999, en la revista The New Yorker, es un retrato transparente, muy simple, sobre la vida común de las parejas que llegan juntas a la vejez y los avatares que el paso del tiempo trae de manera elocuente. Si hay algo de qué asombrarse en Lejos de ella es de la valentía de la protagonista (Fiona) que opta por una decisión digna. Cuando repara en que pronto el Alzheimer la desintegrará, busca una institución que pueda acogerla y así hacer más liviano el peso que resta sobre su marido, Grant.
“Nunca quise estar lejos de ella. Ella tenía la chispa de la vida”. Son esas palabras las primeras que escuchamos del protagonista. Ellas constituyen una síntesis de todo lo que la esposa significa para él.
Fiona y Grant tienen más de sesenta años, se siguen amando en toda la amplitud del término, pero pronto uno de ellos ya no será lo que era. La disyuntiva del hombre es dejar a su esposa en una casa asistencial, un sitio en donde solo los domingos y los días festivos las familias recuerdan que alguien de los suyos necesita afecto y calor. No hay innovaciones técnicas en el cine de Sarah Polley, pero sí sensibilidad para los dramas psicológicos. Hay diálogos realistas capaces de desarmar las lógicas más frías. “Quisiera hacer el amor contigo, y luego quisiera que te marches porque necesito quedarme aquí, y si me lo haces difícil podría llorar tan fuerte, que posiblemente, jamás me detenga”. Ante esa frase no hay respuesta posible.
María Paulina Briones
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Editora de Cultura