Tomada de la edición impresa del 12 de septiembre del 2008

Escapar del destino

Nicole Kidman es Isabel Archer, en Retrato de una dama, filme dirigido por Jane Campion. | FOTO: EL TELÉGRAFO

FOTO: EL TELÉGRAFO

Nicole Kidman es Isabel Archer, en Retrato de una dama, filme dirigido por Jane Campion.

Datos

La ficha


Año:1996
Directora: Jane Campion
Guión: Laura Jones, basada en la novela de Henry James.
Actores: Nicole Kidman, John Malkovich, Barbara Hershey, Viggo Mortensen, Christian Bale, Mary Louise Parker, Shelly Duvall.

Retrato de una dama, cinta dirigida por Jane Campion, se exhibe mañana en el MAAC Cine, a las 20:30.



Isabel Archer intenta abrir una puerta y se voltea abruptamente; abre sus ojos y mira, mientras la cámara hace un acercamiento de primer plano. La sensación de que nos observa es angustiante. Esa imagen congelada de Nicole Kidman bajo el filtro azulado que expresa el invierno  interior que vive la protagonista, con ligeros copos de nieve deslizándose en la pantalla, marca la escena final de Retrato de una dama, dirigida por la neozelandesa Jane Campion.

Isabel Archer, como se llama el personaje tomado de la novela de Henry James se queda suspendida en un limbo que nos recuerda que no tuvo otra opción. La puerta  de vidrio permite vislumbrar el calor del hogar o su connotación más simple, la seguridad.

Ninguna mujer que hubiera abandonado a su esposo habría tenido un futuro alentador en la Inglaterra del siglo XIX. La apertura de esa  puerta implica el retorno; quedarse afuera, una incertidumbre.La novela trabaja con los estereotipos sociales que convierten a las mujeres en damas; la película muestra esos detalles que constituyen el mundo femenino, y que están colmados de sentido: las joyas, los gestos, los juegos de té, los colores de las habitaciones de los palacetes y la música construyen una perfecta ambientación del año 1872, que es de donde parte la cinta de Campion. La heroína de la película es la que hace la diferencia.

Hay un recurso interesante que abre la proyección y que es el verdadero comienzo de Retrato de una dama.

 “Cuando ves que su cabeza se acerca y sabes que vas a ser besada…ese momento es tan exquisito”. En un jardín, un grupo de  mujeres conversa sobre el beso, mientras la pantalla está fundida en negro. Alguna de ellas se aventura a hablar de amor: “Se trata de encontrar un espejo, el más claro…cuando amo, esa persona me muestra mi reflejo en él”. Este es el arranque que conecta a la generación de la heroína Isabel Archer y a la mujer contemporánea.

Isabel  rechaza a tres hombres que la aman. “Cuando me siento tocado, señorita Archer, es para toda la vida”, le dice el aristócrata Lord Warburton. Ella, como una dama, se lo agradece, pero pasa.  Caspar Goodwood atraviesa el Atlántico buscándola, pero el gesto no la conmueve. Cuando su primo, Ralph Touchett, le pregunta cuál fue la lógica para rechazar la propuesta del noble, ella solo dice que el pretendiente era demasiado perfecto. “¿Me preguntas por la lógica? Puedo escapar a mi destino”.

A Goodwood no lo toma, en cambio, porque lo  considera muy simple. La paradoja es que finalmente la heroína se enamora de un espejismo. No es casual que a lo largo de la cinta Jane Campion nos devuelva la imagen de la protagonista reflejada en los espejos, como si quisiera mostrarnos que ella está dividida, que no es una sola y única conciencia; a ratos la imagen reflejada en los espejos no es clara, es más bien borrosa porque Isabel Archer, después de casada se ha convertido en una desconocida para sí misma y para los otros. Cuando entra a su casa la opción de la directora es lentificar su caminar, como si estuviera anclada, aburrida, pero cuando sale de la casa que habita con su marido (John Malkovich), hay una agilidad en las secuencias.

¿Por qué elige Isabel Archer un espejismo? ¿Habría sido igual si ella no hubiera heredado una gran fortuna? ¿Eran tan comunes los hombres que la amaron o en realidad eran excepcionales por amarla diáfanamente?

Suspendida en su limbo de tonos azules, la protagonista Isabelle Archer (Nicole Kidman) nos mira como para que los espectadores le demos una mano y la rescatemos. En su encrucijada no hay un futuro. Pero solo fuera de la ficción está la resolución de su problemática. Esta opción para acabar la película es bastante brechtiana; esa mirada que pide auxilio es para los espectadores.

El cine que hace Jane Campion es meticuloso. La escena en que la protagonista habla en un museo con su futuro marido (John Malkovich) es el  momento de mayor tensión. Isabel Archer sostiene una sombrilla y esta gira proyectando sombras hasta que él intenta quitársela, de una manera en que sugiere este juego de poderes por los que ella va sucumbiendo. De la misma manera ocurre con el cigarrillo que sostiene en otra escena posterior, Gilbert Osmond (Malkovich), y cómo él lo hace girar así como manipula la conversación con su esposa.

Comprender el sentido de los diálogos de la película es fundamental para sumergirse en el mundo que plantea Henry James, y también en el que propone Jane Campion. Son profundamente connotativos y hay que revisarlos varias veces para ir agarrando todas las implicaciones del discurso por el que Jane Campion ha hecho que sus personajes hablen.  Ocurre con estos diálogos lo mismo que con las imágenes invertidas o inclinadas de las estructuras de los edificios. Es un guiño que dice: Esto no es lo que parece. Este sólido edificio símbolo de lo tradicional está por destruirse, al menos, parcialmente.
María Paulina Briones
mbriones@telegrafo.com.ec
Editora de Cultura
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