Tomada de la edición impresa del 22 de agosto del 2008

Un retrato descarnado

Cuatro meses, 3 semanas, 2 días ha sido reconocida con los premios a mejor película y mejor director de la Academia del Cine Europeo (2007). |  FOTO: WWW.STUMMFILMKONZERTE.DE

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Cuatro meses, 3 semanas, 2 días ha sido reconocida con los premios a mejor película y mejor director de la Academia del Cine Europeo (2007).

Datos

La ficha


Año: 2007
Director: Cristian Mungiu
Título original: 4 luni, 3 saptamâni si 2 zile
Fotografía: Oleg Mutu
Actores: Anamaria Marinca, Laura Vasiliu
En cartelera: Hasta el 31 de agosto (Quito); desde septiembre 5 (Guayaquil)

El filme rumano ganó la palma de oro en el Festival de Cannes 2007.



Desde hace un par de  años, el cine rumano se ha constituido en un  nuevo boom. Esa atracción por ‘el cine de la periferia’ ha venido a refrescar las temáticas y las estéticas. Cuatro meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu, es un filme que no aborda directamente la dictadura (está situada en 1987). La historia misma es una de las secuelas de un proyecto socio-político considerado autoritario y sesgado. En la Rumanía comunista, el aborto era ilegal, y miles de mujeres se practicaron intervenciones precarias y riesgosas. Mungiu enfoca el filme en esta consecuencia situacional que, al parecer, fue cotidiana durante la dictadura.

Evita cualquier tono trágico o truculento. Despoja arbitrariamente a la historia de cualquier adorno dramático y estético, para construir una película sobria, prudente, pero de gran fuerza.

El uso de planos largos –rodados en una sola toma-, locaciones en su mayoría interiores, planos medios y generales, ángulos no referenciales –mientras habla un personaje, no necesariamente es enfocado-, un manejo de luz escueto y que arroja poco contraste cromático, movimientos de cámara naturales y realistas –cámara al hombro-,  producen una atmósfera pura, libre de efectismos, que se cimenta sobre lo actoral.

Dentro de este marco técnico limpio y simplista surge una historia perfectamente construida, que pese a tener planos de más de cinco minutos de duración, no pierde nunca el ritmo. Su secreto es, quizás, la construcción de los personajes desde lo situacional.

Otilia es una estudiante universitaria que asume una responsabilidad desinteresada con su mejor amiga, Gabita.

La trama, que se desarrolla durante solo  un día, muestra el recorrido angustioso de esta joven por preparar todo lo necesario para que se le practique un aborto a su amiga, quien da muestras de irresponsabilidad. Otilia hace de pilar, su fortaleza radica en su entrega. Ella misma atraviesa momentos desencontrados con su pareja, sin embargo, ayudar a Gabita se muestra como su prioridad, inclusive , por sobre su propia vida.

Hay una cierta inquietud en todo su trajinar. Pese a que su estructura narrativa es lineal –no hay elipsis- hay una tensión sicológica constante, generada por el desconocimiento por parte del espectador, lo cual es bastante sutil y afinadamente explotado por el director. Es casi un thriller psicológico, que se saldría de cualquier empaquetamiento hollywoodiano.

Mientras la cámara sigue a Otilia en su trayecto, podemos ver una Bucarest gris, seca, algo desdeñosa, desde sus edificios bauhaus.

El filme no juzga ni aplica reglas morales, más bien evidencia brochazos de la condición humana, y la reacción frente al riesgo y la fatalidad. Sin ser una película amarga, es de alguna manera una reinterpretación del melodrama (sin desvirtuar el término).

Su crudeza radica precisamente en la evasión del maquillaje, al pretender presentar una historia con una desnudez realista.
Rocío Carpio
mcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito
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