Tomada de la edición impresa del 20 de noviembre del 2008

Barragán y sus Estructuras

Cuatro creaciones de Milton Barragán que sirven para ir en busca de su musicalidad. | FOTO:  MARCOS PIN/ El Telégrafo

FOTO: MARCOS PIN/ El Telégrafo

Cuatro creaciones de Milton Barragán que sirven para ir en busca de su musicalidad.

IMÁGENES

Caen bajo el peso de esta musicalidad las obras: Rondo; Andante con brío; Andante presto y Scherzo I.



Sobre todo la música. A eso se entrega Barragán en esta exposición. Son 21 obras en metal, de tamaño mediano que transitan por el espacio que domina el artista. En la muestra hay huellas de su trabajo como arquitecto, por eso las estructuras, mas, el genio no está en esas huellas; hay que rastrearlo en el detalle, en la minuciosidad, en la sofisticación con que adultera el universo donde habitan y sobreviven sus creaciones.

¿Por qué la música? Quizá sea por el sentido del ritmo y la armonía que se percibe en las piezas expuestas. Y también están los nombres con que las bautiza. Pasan antes los ojos y los sentidos de los espectadores andantes, esto sirve para indicar que una composición musical o parte de ella debe interpretarse con un tempo o ritmo moderado; scherzos (se pronuncia esquerzo o esquerso), y esto es una pieza musical a tres voces, con acompañamiento instrumental, de estilo ligero, que forma parte de la sinfonía y la sonata; rondos, en composición musical sería rondós, donde el tema principal se repite varias veces alternando con otros secundarios; adagios (se pronuncia aproximadamente adayio), suele ser el segundo movimiento de la composición y también es muy lento.

Caen bajo el peso de esta musicalidad las obras: Rondo, compuesto por círculos y rectángulos; Andante con brío; Andante presto, con su inclinación y precisión; Scherzo I, donde el metal está muy vivo y sin frialdad; Scherzo III, obra de una complicación delicada donde se cuida el efecto minuciosamente; Adagio I, con sus seres y sus columnas integrándose armoniosamente; Adagio II, donde las formas humanas forman parte de la obra; Adagio III, con sus tres seres encaramados en las alturas y Adagio IV.

Pero también hay espacio para los laberintos y las estructuras. La estructura es la disposición y orden de las partes dentro de un todo. Hay estructura en la realidad, y ni el lenguaje puede desentenderse del asunto. También es la distribución con que está compuesta una obra de ingenio, ya sea de arte, un poema, una película, una canción. Estas obras de Barragán hay que entenderlas necesariamente por ahí; porque en música se emplea la estructura musical o arquitectura musical como sinónimo de forma; es decir, la organización de las ideas musicales. Como la forma musical se compone de ritmo, melodía y armonía, así estas invenciones se hallan imbuidas de estos elementos.

Barragán, con audacia, tino y frescura lleva al visitante por sus caminos y le propone extraviarse y extenderse en la creación continua de su trabajo habitado por la música. Por eso asegura que en sus obras existe un paralelismo entre lo que es la composición musical y la idea que desea dar de los ritmos musicales con sus esculturas. No es poco y el intento no falla. Quedan en la memoria: Cuarteto Stagioni; Skorppios II y V, los únicos con color y los Divertimentos.

Aquello que carece de estructura definida es un fenómeno imaginario que sólo posee forma posible; no existe para el ser humano; puede estar dentro de lo desconocido, lo imperceptible o la nada. Con Barragán todo está dentro de lo posible.
Francisco Santana
fsantana@telegrafo.com.ec
Retratista - Guayaquil