Obras del FAAL que cambiaron de entorno
Las obras están lejos del entorno abierto en el que fueron concebidas, ahora reposan en las salas Polivalente y de Arte Contemporáneo del MUMG.
E l IX Festival de Arte al Aire libre (FAAL) concluyó, pero sus mejores obras siguen exhibiéndose, a fin de mostrar los resultados de un concurso que reunió a 1.565 artistas en el Malecón 2000. La selección de los mejores trabajos se exhibe en el Museo Municipal de Guayaquil (MUMG) desde el 17 de octubre.
Las obras están lejos del entorno abierto en el que fueron concebidas, ahora reposan en las salas Polivalente y de Arte Contemporáneo del MUMG. Sin embargo aún guardan la rudeza de sus mensajes y lo llamativo de sus propuestas.
El ruido de los transeúntes, el sol, a ratos abrasador, y el viento constante ya no son el entorno de las creaciones. Fueron reemplazados por las paredes de madera, aire acondicionado y el silencio sepulcral de una galería.
El primer lugar en la categoría pintura luce sus tonos amarillentos al fondo de la Sala de Arte Contemporáneo. El cuadro, de 180 x 120 centímetros, se titula Mi futuro mandarina, y fue pintado por la guayaquileña Ámbar Zambrano, de 21 años y graduada en el colegio de Bellas Artes Juan José Plaza.
El machismo y la situación de las mujeres en la sociedad es el tema central en la obra de Zambrano, quien confiesa haber reproducido una fotografía de su hermano menor en la que se muestra el fastidio de un adolescente, de mirada dominante y gestos serios, a fin de proyectar que la discriminación de géneros se inicia desde temprana edad. El título es una sátira sobre el futuro de los hombres.
Llegando a la meta a lo ñeque o sin trampita, de Cristian Moreano, ganó el segundo lugar en el concurso. El sentido del trabajo, elaborado en óleo sobre tela, es exponer el esfuerzo que un atleta como Jefferson Pérez requiere para llegar a la meta, sin recurrir al dopaje u otras alternativas desleales.
La tercera posición fue otorgada a José Luis Chóez, por su Introspección. Otros trabajos destacados fueron Es solo pintura o tres mujeres más para el museo y mi inspiración muerta, de Pedro García; y Desarme proletario, de Jimmy Lara.
En escultura el mayor laureado fue Manuel Demetrio Pillajo, de 45 años, quien presentó Mi urna. Pillajo asegura que lleva la creatividad en la sangre, por su descendencia de tres generaciones de escultores quiteños. Cuenta que uno de sus deseos es, después de morir, ser cremado y que sus cenizas reposen en la urna que labró para el FAAL.
Casi en el centro de la galería contemporánea aparece un pequeño grupo de hombrecitos arrodillados, que parecen adorar a un dios desconocido. Todos están moldeados en arcilla y fundidos en yeso. Se trata de la obra Nuestra propia presencia (rituales íntimos), de Glenda Rosero.
Encerrado en un rectángulo de vidrio permanece una reproducción caricaturesca de Pancho Jaime, con sus lentes redondos y su tradicional gorra. La escultura se titula Tipeta Atrosa, mide 130 x 50 centímetros y pertenece a David Palacios, ganador del tercer lugar en escultura.
Luis Alfredo Medina
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Reportero - Guayaquil