Tomada de la edición impresa del 20 de octubre del 2008

Una mirada al Salón de Octubre

La semana pasada se inauguró el Salón de Octubre, que tuvo una concurrencia masiva.  | FOTO: EDUARDO ESCOBAR / El Telégrafo.

FOTO: EDUARDO ESCOBAR / El Telégrafo.

La semana pasada se inauguró el Salón de Octubre, que tuvo una concurrencia masiva.

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Las bases de la convocatoria fueron claras. Se trata de un espacio nacional para la pintura.



Lo interesante del Salón de Octubre “Independencia de Guayaquil”, que este año llegó a su edición 50, no está en las obras premiadas.  Aunque lo parezca, esta idea no desmerece a los ganadores de este año, pero la afirmación tampoco implica que el premio compartido que se llevaron Jimmy Lara y Maya Schuzle haya sido lo mejor de las  90 obras admitidas.

Otra gran mala interpretación sería llegar a la conclusión de que el concurso no debería darse, pues precisamente lo importante, más allá de las obras premiadas, es que los salones susciten debates e intercambio de ideas.

Mirko Rodic, quien visitó el salón el día de la inauguración, piensa que se trata de “Un típico salón de pintura, donde se puede apreciar una gran variedad de estilos, técnicas, temas, conceptos, etc. Como en todo salón hay bastantes desniveles en las obras, hay algunas de extraordinaria factura artística, otras simplemente buenas, otras normales, y hay muchas que son de terror, sobre las cuales lo primero que le llega a la mente a uno es, si esto aceptaron, ¿cómo serán las rechazadas?”

Para Rodic, que tiene años de experiencia en la observación de obras pictóricas y que es dueño de la galería Todo Arte, es un acierto de los organizadores que en la edición 50 del Salón de Octubre se hayan exhibido varios cuadros y objetos que no cumplían con las bases, pero que tenían buena calidad. Rodic insiste en que, precisamente, de eso se tratan los concursos, de “enseñarle al público todo lo que están creando nuestros artistas, sea del estilo que fuere, siempre que cumplan los cánones de pintura”.

Las bases de la convocatoria fueron claras. Se trata de un espacio nacional para la pintura.

Desde su perspectiva, los premios, son obras “bien realizadas, pero es subjetivo, porque son decisiones personales de tres personas que conforman el jurado. Pienso que de no haber sabido que el segundo premio era de Manuel  Ugarte, le habrían dado el primer premio, porque es una obra muy superior artísticamente a las demás, donde se nota claramente que el autor, pintor de mil batallas, ha llegado a una madurez, plasmando  en el lienzo toda su sabiduría, logrando una obra fresca, limpia, y de composiciones cromáticas y de formas totalmente equilibradas”. 

Otra de las obras que merecía mejor suerte, según Rodic, fue la de Marcos Restrepo.

La visión que tiene la crítica Pilar Estrada, es diferente. “Pienso que en general no existe un criterio definido para elegir las obras que participaron en el Salón de Octubre.

El mayor problema de las ganadoras es que no proponen nada y su factura tampoco es buena. Creo que carecen de una propuesta sólida o interesante para el arte en estos momentos. En general hace falta un enfoque innovador para tratar temáticas ya usadas, porque no se trata solo de crear algo que no exista, sino abordar nuevas perspectivas. Los jurados estuvieron conformistas. El primer premio es una obra artesanalmente lograda, está gastada y muy rebuscada. La otra que ganó “The eye of the shiva”, es una tela decorativa por sus colores y su estética. Una idea muy romántica sobre el arte”.

El artista cubano Saidel Brito piensa que “el hecho de que el jurado de admisión haya sido distinto al de premiación lo convierte en un salón extraño, en el cual se puede apreciar el potencial, las intenciones y las búsquedas pictóricas de una generación muy joven de artistas ecuatorianos, y particularmente guayaquileños”. 

Pero lo negativo es la contaminación que existe en la muestra. “Aproximadamente, la mitad de las piezas quedaron fuera. Eso nos hace preguntarnos ¿Qué es lo que quedó fuera? Cuando muchas obras de adentro no sostienen su participación en un salón del año 2008”.

Brito opina además que hay obras muy  flojas, regulares y muy buenas. “Esta irregularidad afecta al propio salón porque da una imagen turbia de la pintura ecuatoriana. Si miramos de fuera, la exhibición este año no es coherente con su historia”.

Para este pintor el espacio físico de la Casa de la Cultura ofreció un problema. “Se eligió lo que el espacio permitía. Además no hay espacio entre obra y obra. Más que un salón de arte parece una bodega de obras. La cercanía entre una creación y otra afecta a piezas de buen nivel.  La mención de Juan Caguana, por el lugar en que se la ubicó, no puede respirar, y no se la puede apreciar en la dimensión que puede ofrecer. Igual pasa con la señalización de los premios. El cartel gigantesco y burdo de primer premio parece parte del cuadro. Ese es un error desde el punto de vista museográfico”.

Al igual que Estrada, Saidel Brito sostiene que las obras ganadoras no tienen solidez y los  recursos plásticos utilizados no agregan nada a la tradición abstracta que tiene el arte ecuatoriano.

“La mención de honor de Juan Caguana, a pesar de ser figurativa y ser un paisaje, genera una reflexión sobre los problemas del mundo contemporáneo”.
María Paulina Briones
mbriones@telegrafo.com.ec
Editora de Cultura