Tomada de la edición impresa del 18 de septiembre del 2008

La identidad de dos naciones

Desnudo de mujer, Diógenes Paredes. | FOTO: EL TELÉGRAFO

FOTO: EL TELÉGRAFO

Desnudo de mujer, Diógenes Paredes.

IMÁGENES

La Revolución Mexicana generó, a inicios del siglo XX, cuestionamientos acerca del orden social.



Los trabajadores de quinua, obra de Nicolás Kingman, es enviada a Quito para participar en el Salón Mariano Aguilera: 1935. La obra es rechazada por el jurado por presentar una nueva temática: los indígenas y el proletariado. Uno de los jurados diría por ese entonces: “En mi casa los indios no entran ni en pintura”.

La Revolución Mexicana generó, a inicios del siglo XX, no solo a nivel de esta nación, sino de Latinoamérica entera, cuestionamientos acerca del orden social y la injusticia frente a los grupos oprimidos. Surge entonces la necesidad de crear un arte con función social.

Como parte de la investigación de vínculos entre México y Ecuador, promovida por la embajada de ese país y el Museo de la Ciudad, se está preparando la exposición “Vínculo histórico e intercultural entre Ecuador y México (1820-1970)”. Dentro de la primera fase de este proyecto se inauguró en Quito la exposición colectiva de pintura representativa de ambas naciones, en el período 1920-1960, la cual está dividida en Rostros del arte, que reúne 34 obras en pintura y escultura de los artistas más importantes de los años veinte, treinta y cuarenta de Ecuador, como Camilo Egas, Víctor Mideros, Eduardo Kingman, Diógenes Paredes y Bolívar Mena Franco, entre otros.

Zonas silenciosas contiene 40 obras, entre escultura y pintura, de las más importantes colecciones de arte mexicano. Entre ellas se encuentran obras de mexicanos como José David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, María Izquierdo, entre otros.

Esta es la primera vez que se podrán apreciar en conjunto obras de los grandes muralistas mexicanos, sin embargo, Moreno aclara que “esta no es una exposición sobre muralismo, sino sobre esta corriente plástica mexicana que se genera en estos años”.

Lo que más llama la atención es el grado de nacionalismo presente en esa necesidad de construcción del imaginario mexicano, lo cual difiere con la intencionalidad del arte ecuatoriano de la misma época: su temática gira más en torno al rescate de la presencia y representación simbólica de los sectores invisibilizados.

El indigenismo ecuatoriano es también costumbrista, resalta las labores cotidianas de estos grupos humanos. Esto se aprecia en algunas de las obras expuestas de Kingman como Trabajadores, Cosecha india, Cajonera y Lavandera.

Moreno recalca que las temáticas giran alrededor de lo identitario, en ambos casos. “Se trata de generar una ruptura con el pasado”.

Retratos presentados en esta muestra de Orozco, Nefero y Rivera recuerdan el estilo del francés Paul Gauguin. “Varios artistas latinoamericanos trajeron estos estilos y técnicas, pero en el caso mexicano, ellos tenían claro que eran solo herramientas para crear algo auténticamente latinoamericano”, agrega la curadora.

Camilo Egas, gran figura de la plástica nacional, introdujo técnicas modernistas a la pintura ecuatoriana, él rompió con las técnicas formales. Su obra ya incorpora texturas conseguidas con la propia pastosidad del óleo. En Procesión, de 1922, trabaja con gamas cromáticas innovadoras y reinterpretación de las formas de la figura humana.

La muestra estará en el Museo de la Ciudad, hasta enero de 2009. De martes a domingo, desde las 09:30 hasta las 17:30. Costo: US$ 2.
Rocío Carpio
mcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito