Tomada de la edición impresa del 11 de septiembre del 2008

Los trazos femeninos Del otro lado

La muestra Del  otro lado, de Rocío Plúas, reúne un total de 20 trabajos, dos instalaciones y veinte cuadros, en los que la artista plástica guayaquileña plasma su mirada de la migración.   | FOTOS: PILAR VERA / El Telégrafo

FOTOS: PILAR VERA / El Telégrafo

La muestra Del otro lado, de Rocío Plúas, reúne un total de 20 trabajos, dos instalaciones y veinte cuadros, en los que la artista plástica guayaquileña plasma su mirada de la migración.

IMÁGENES

La obra de Rocío Plúas se exhibe en la galería Mirador de la Universidad Católica. La muestra contempla, en su primer apartado, una instalación en la que desbordan figuras femeninas.



Historias femeninas contadas por mujeres que se enfrentan al desarraigo  y la sorpresa de estar en una patria ajena recorren la muestra que la guayaquileña Rocío Plúas exhibe desde el pasado martes en la galería Mirador de la Universidad Católica de Guayaquil (Avenida Carlos Julio Arosemena, km 1 1/2).

Del otro lado fue el título que la autora, una artista plástica que comparte con sus personajes la calidad de emigrante, escogió para agrupar los veinte cuadros y las dos instalaciones en las que usa igual el acrílico, el óleo, la técnica mixta, el collage, la acuarela y la tiza sobre papel.

El montaje contempla, en su primer apartado, una instalación en la que desbordan figuras femeninas.  Son “ellas”    ecos del consumismo que las hace vestir como maniquíes y lucir rostros y cuerpos sin poros, creados desde lo digital.  Ahí cuelgan anuncios de revistas europeas bajo cuyo amparo se maquillan personajes y situaciones y se idealizan formas de vida.  Sobre el piso, en una postal aérea, se escribe Dirección errada, el nombre de este trabajo.

Esta vez Plúas, quien integra el colectivo Transit, se mueve en la frontera entre lo clásico y lo contemporáneo para desde ahí abordar la feminidad que se cuece lejos del lugar de origen.  En la reconstrucción de esos tránsitos la figura de la correspondencia como un medio para establecer puentes cobra un papel esencial.  De hecho, esas cartas sirven de materia prima para la segunda instalación, Cinco minutos.  La idea de esta hilera de envolturas de correspondencia es que el espectador recoja los trazos que ahí se ven para que en su aventura como observador reconstruya una historia que responda a sus interpretaciones personales de ese juego de formas y colores.

No solo los rostros de Roxana, Alicia, Raquel o Soledad se dibujan sobre papel liso o de revista.  También hay flores que quizá no pudieron ser entregadas y que se perpetuaron en un dibujo  que no se afana en imitar a las ‘originales’.

Otro de los elementos del imaginario femenino a los que Plúas les asigna un nuevo significado son los zapatos.  En Cartas de Instambul, un calzado simula las pisadas de los que se fueron y ahora están Del otro lado.

Entre las finas narices y los rostros alargados se distingue a Brenda se fue bruno.  Siguiendo la que hasta ahora ha sido la línea de la exposición -líneas que no necesariamente reproducen formas exactas- se levanta sobre uno de los marcos transparentes la vida de un hombre que quiso ser mujer -y lo fue- y a quien el rechazo de una sociedad que no era la suya lo abandonó (o acompañó) hasta el momento de su muerte.

El sello de la autora de los cuadros está en las letras que se ven aún ahí donde el pincel ya hizo lo suyo; las caras tienen marcas: las de las palabras que los dueños de las expresiones no pueden reproducir.  Hay en Del otro lado un intento por comunicar la realidad con la que Plúas tuvo su primer contacto a través de la plástica cuando exhibió Andando, hace ya algunos años.  En aquella ocasión fueron las suelas el instrumento del que se valió para poner en escena esos pies que transitan hacia otras latitudes. Las obras de Rocío Plúas se podrán visitar hasta el 9 de octubre en el horario de 9:00 a 16:00.  El ingreso es gratuito.
Fátima Cárdenas
fcardenas@telegrafo.com.ec
Reportera - Guayaquil