La última Coca-Cola con François Houtart

François Houtart sacó una agenda rectangular color café para cuadrar nuestra entrevista. El fin de semana recibiría a víctimas del genocidio del pueblo Tamil desde Sri Lanka. La próxima semana viajaba a Brasil. La única opción era conversar ese mismo día, viernes 3 de junio, como finalmente lo hicimos. Tres días después, el sacerdote falleció a los 92 años, con la agenda llena de intenciones que no sucederían.

Ese día estuvo en la Universidad Andina como miembro de un tribunal ético sobre los daños que producen los agroquímicos. Ahí oyó testimonios de campesinos que sufrían depresión por los plaguicidas usados en el cultivo de naranjilla, de apicultores que lamentaban la desaparición de las colmenas de abejas y de trabajadores que sufrían enfermedades por las fumigaciones en bananeras. Luego hacía interrogaciones desde su mirada de sociólogo marxista. Al terminar el evento, hizo un chequeo de rutina antes de comenzar la entrevista. Sacó del bolso una pulsera digital que se ajustó en la muñeca. Unos corazoncitos titilantes en la pantalla indicaban que la presión era correcta. Me pidió que le llevara el bolso, caminó con el bastón a la cafetería y pidió una Coca-Cola para que la presión de la sangre se mantuviera alta, riéndose de su fragilidad ideológica.

Estuvimos toda la mañana escuchando testimonios de campesinos sobre los efectos de los productos agronómicos. ¿Conocía estos problemas?

Sí, los conocía. Yo había hecho hace casi cuatro años un estudio sobre brócolis. No era nuevo para mí, lo impresionante es ver la dimensión de estos problemas. Ecuador es todavía un país de mucha exportación de productos agrícolas, eso toma una dimensión enorme porque afecta a centenares de miles de personas. El hecho de haber recogido datos por diferentes sectores fue muy importante e impresionante porque se ve la dimensión del problema. Segundo, se ve que gobiernos aun con buena voluntad o que se llaman progresistas no han podido tocar este problema. Es un problema mucho más amplio del poder económico que tienen las grandes empresas de productos químicos y que se impone en el mundo entero. Pueden casi domesticar a los gobiernos.

¿Es el sistema agroindustrial de producción una forma de violencia?

Absolutamente. Es lo que llama una economía sacrifical: sacrifica centenares de vidas humanas y la naturaleza.

Pero estamos, en todo caso, ante una violencia distinta a la de una guerra. Se podría decir: «Aquí no hay muertos, estamos pagando un salario».

Es por eso que algunos hablan de un sistema económico contra la naturaleza y los seres humanos. No es una guerra en el sentido jurídico de la palabra, es un estado de violencia en función de intereses económicos.

La abstracción que afirma que esta ‘guerra’ es llevada por los Estados y las compañías transnacionales puede ser útil. Pero ¿podemos reconocer a personas con nombre y apellido dentro de la sociedad ecuatoriana como perpetradores de esta violencia? ¿Cómo son ellos?

Es un problema universal. Así lo encontramos en cada país, los productores y los que utilizan estos métodos. Si tomamos los bananos, cuando se ve la fumigación de los productos químicos por avionetas. El hecho de utilizar de esta manera los productos químicos ya es un acto de violencia. No se puede evitar que una parte de los productos químicos se vaya a las calles, carreteras, ríos.

Un tema recurrente en los testimonios es que las plantaciones son lugares restringidos. No se podía grabar un video dentro de las plantaciones de banano. Las plantaciones de flores también son, se dijo, lugares de difícil acceso...

Claro, generalmente son lugares no tan grandes, en el caso de las flores. Es fácil controlar el acceso. Un productor holandés jubilado que visitó las plantaciones me dijo: «Si los europeos saben en qué condiciones las flores son producidas no comprarían ni una rosa». Él era un productor orgánico. Por otra parte, cuando hubo la visita del Papa, se había dicho que se utilizaron 90 mil rosas del Ecuador, que son bonitas de verdad. Pero al mismo tiempo, en la fundación en la que vivo, teníamos una pareja indígena. La señora venía a Quito para hacerse exámenes médicos, tenía 40 años, cuatro hijos, leucemia y había trabajado diez años en las flores. ¿Es ese el premio de las rosas para el Papa?

Una paradoja cruda...

Sí, pero eso es universal. No es Ecuador en particular.

Ha estado en distintos tribunales éticos, no oficiales, en los que se presentan testimonios sobre violaciones de derechos humanos. El de hoy (enmarcado en la Ruta Para la Verdad sobre la Naturaleza y de los Pueblos) tuvo una primera audiencia en el Coca el 13 de mayo pasado. Uno de los temas tratados fue la situación de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario en el Yasuní. ¿Cuáles son los deberes éticos de una comunidad política como la ecuatoriana con estos grupos?

Es un problema extremadamente difícil de resolver, porque al mismo tiempo se deben respetar estos pueblos que piensan que al tener más contactos con la civilización, van a perder su identidad. Por otra parte, no se puede parar todo por el respeto de algunos grupos. No veo soluciones fáciles, pero es una responsabilidad. Por ejemplo, he hablado con el experto que esta semana estuvo allá. Me ha dicho que el gran problema son los madereros ilegales que vienen del Perú y que destruyen justamente el ambiente de ellos (los indígenas en aislamiento voluntario). Pero el Estado se ha retirado de esta región, por razones —dicen— financieras. Así que los madereros son libres de hacer lo que quieran y destruyen la naturaleza. Entonces, claro que hay un deber del Estado de controlar eso.

En la historia de los pueblos indígenas no contactados existieron curas católicos que se expresaron y actuaron con la idea de incorporarlos al país.

Exacto, y de convertirlos al cristianismo como un instrumento de integración.

¿Qué opinión le merece esa perspectiva?

Es extremadamente difícil de contestar eso. Lo que me parece fundamental es ver cómo estos pueblos pueden vivir de la manera más feliz posible. Si ellos definen su existencia colectiva de tal manera que no ven la posibilidad de continuar de manera feliz integrándose, pienso que debemos respetar esta voluntad. Sin hacerse ilusiones, porque un día eso va a ser imposible.

Volviendo a las preguntas sobre los tribunales éticos, existe en este tribunal un intento de crear una memoria ambiental sobre lo sucedido con la naturaleza. Por ejemplo, cuando se recuentan las depresiones y suicidios entre campesinos que cultivan naranjilla se crea un registro de eventos ocurridos en el tiempo. ¿Para qué sirve el registro de estos tribunales?

Hay dos observaciones en ese sentido. Primero, sobre la memoria. La memoria es necesaria para tratar de reflexionar sobre la dimensión de los fenómenos pero también sobre las causas. Por qué se construyó el modelo. Por eso, Elizabeth Bravo (docente de la Universidad Andina) comentó sobre el hecho de que los productos agroquímicos se desarrollaron durante las dos guerras mundiales y se transformaron —especialmente después de la Segunda Guerra— en empresas no de guerra, sino para la agricultura. Y que eso fue una conversión de las industrias para continuar ganando dinero, así la memoria es importante. Segundo, los tribunales como forma de protesta son importantes. De verdad la eficacia es difícil de medir. Pero en general, depende de los medios de comunicación, si promueven las ideas o si dan las noticias, etcétera. La eficacia de los tribunales o de reuniones como hemos tenido hoy depende mucho de la manera cómo se puede comunicar los trabajos de estos tribunales. De verdad se puede decir... Bueno, tal vez no es tan eficaz, pero si no se hace nada, es todavía menos eficaz. Poco a poco es un instrumento entre otros.

Llama mucho la atención el rol de los ancianos en los tribunales éticos. La vez pasada estuvo Julio César Trujillo en el Coca. Con sus 86 años, se embarcó en un avión y fue a la Amazonía a liderar un tribunal ético. ¿Cuál es la importancia de los ancianos en estos procesos de lucha social?

Pienso que es solamente la acumulación de experiencias. Es eso que se puede comunicar de una cierta manera, si es posible reflexionar de manera holística para mostrar la vinculación que existe entre varios aspectos de la realidad. Justamente el problema de los químicos es parte de una realidad más general, que es la lógica del capitalismo.

¿Es un conocimiento más académico o de los años?

No, no es un conocimiento solo académico. El conocimiento académico es útil y necesario, pero no puede ser desvinculado de toda la acción de las bases. Para mí, siempre ha sido importante tener contacto con toda la gente de base, he trabajado en muchos países. Siempre he querido el contacto directo con los campesinos visitando sus casas y viajando. Por ejemplo, cuando vinieron aquí tres vietnamitas, con quienes trabajé en Vietnam, hemos hecho 1.500 kilómetros en Ecuador para visitar la comunidades, los grupos de campesinos.

¿Cuándo fue eso?

Hace un mes y medio. Es importante la experiencia de la gente, porque ellos tienen una gran parte del saber que debemos aprovechar y conocer para no reflexionar de manera puramente teórica.

¿No tiene el cuerpo cansado ya?

¿Cómo?

¿No está cansado Houtart?

¡No…! (Suelta una carcajada). Tal vez el cuerpo, un poco, pero no, dice orgulloso.

¿Una persona más vieja es más libre? ¿Tiene menos miedo?

Tal vez sí, porque eventualmente no depende más en el sentido económico.

¿Ha sentido esa independencia con los años?

Sí, sí, sí, claro. Todavía soy profesor en el IAEN, pero tengo cierta independencia de la institución. Justamente por la edad me dejan mucha más libertad. Saben que yo puedo salir de ahí mañana sin que sea un problema para mí.

*

La primera acción política de Houtart habría sido detener con una bomba un tren nazi que llevaba municiones en su natal Bélgica. En 1954, cuando tenía 29 años, hizo su primer viaje de seis meses por América Latina. Su único contacto en Ecuador era otro joven sacerdote que conoció en una reunión de la Juventud Católica Obrera Leonidas Proaño.

Al cabo de unos años, en la década de los sesenta fue parte del grupo de expertos que sistematizaría el Concilio Vaticano Segundo, la reforma más grande de la Iglesia católica en el siglo XX. En los años setenta —confesó décadas más tarde— el sacerdote «tocó las partes íntimas» de un primo que entonces era un niño de 8 años.

En la Universidad de Lovaina dirigió una cátedra de Sociología de la religión desde la que lideró el movimiento de la teología de la liberación y se unió a las causas sociales del siglo XX. Participó activamente en el movimiento pacifista por la guerra en Vietnam. Hizo largas visitas y estudios sobre la religión en Sri Lanka e India.

África también fue uno de los destinos predilectos de Houtart. Hace pocos años estaba cruzando en camión la frontera de Burundi (al este de África) cuando lo detuvieron. Cuando vieron que su pasaporte era de nonagenario, llamaron a todo el destacamento para que lo miraran: en ese país la media de vida es de 60 años. En 2008 fue parte de la Comisión Stiglitz, como delegado del Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, para diseñar pasos para reformar el sistema financiero luego de la crisis económica ocurrida ese año.

En 2013 fue parte de una comisión que intentó encontrar la vía para una solución política en Siria en la que habló con líderes del gobierno y de la oposición. «En la conversación que he tenido con Bashar al-Ássad me ha dicho que las revueltas de 2011 eran legítimas, porque la situación era insostenible para el pueblo. Pero desde el primer día hubo otra agenda de los islamistas radicales. Esto, dice Al-Ássad, obligó al gobierno a ser más y más duro. Yo pienso que fue brutal», dice Houtart. Todos los grupos de oposición dentro de Siria —señala el sacerdote— afirman que no se puede solucionar el problema sin colaborar con el gobierno.

Desde 2010, Houtart era una figura planetaria que caminaba por Quito. Ese año, tras jubilarse de la Universidad de Lovaina, aceptó la invitación de antiguos estudiantes de enseñar en el Instituto de Altos Estudios Nacionales. Vivía en una habitación de la Fundación Pueblo Indio —construida por Leonidas Proaño— que se ubica cerca del parque Italia. Este lugar era su punto de partida para dar clases y viajar por el mundo impulsando su planteamiento teórico que propone una transición del capitalismo a un modelo que busque el bien común humano.

¿Cómo estas dinámicas industriales de las que hemos escuchado hoy afectan, no solo al campesino, sino al bien común de la humanidad?

Bueno, afectan la naturaleza. Es decir que no permiten la regeneración a un ritmo que es el natural sino al ritmo de reproducción del capital. Así es toda la relación con la naturaleza con este tipo de lógica y afecta a todo el mundo, llegando a la posibilidad de destrucción, de transformación del clima y de destrucción mucho más fundamental, generando grandes migraciones climáticas que ya empiezan y afectan el conjunto. Pero también, es una expresión de la predominancia del valor de cambio sobre el valor del uso que finalmente hace del capital —y ahora del capital financiero— la única referencia para el desarrollo económico. Así de nuevo, afecta la manera como todo el sistema mundial está funcionando.

Son elementos, pero de un conjunto. Es por eso que afecta el bien común y, para mí, más que el bien común, como en concepto habitual de la palabra que viene de la filosofía de Aristóteles y de Santo Tomás, el concepto que he tratado de desarrollar que es el bien común de la humanidad, es toda la vida, es finalmente un paradigma de vida que está atacado por un paradigma de muerte.

El bien común está relacionado entonces con la ecología. En Ecuador, pero también en lugares como en Nueva Zelanda, se plantea que seres no humanos pueden tener derechos. ¿Cree que estos seres no humanos tienen dignidad?

Es todo el problema del derecho de la naturaleza. Es muy difícil integrar dentro de la concepción actual del Derecho, extremadamente difícil. Pienso que podemos afirmar que todos los seres vivos tienen derechos. Pero en el mismo sentido, si tienen derechos, no son capaces de defender sus derechos. Los únicos que pueden destruirlos y defenderlos son los seres humanos. Como dicen los mayas, «los seres humanos son la parte consciente de la naturaleza». De verdad, así el derecho de la naturaleza es un derecho indirecto que ellos no son capaces de defender, como los niños o las personas con discapacidad mental.

Su respuesta se centra en el mecanismo de defensa de los derechos, pero ¿qué hay de la palabra dignidad? ¿Un perro tiene dignidad o es solo un perro?

[Ríe, como recordando esa época en que los perros solo eran perros, luego se pone serio] El problema de definir qué es dignidad... Probablemente no tiene consciencia de dignidad, como nosotros la definimos. Tiene un derecho a existir, tiene un derecho a reproducirse, a no sufrir porque los animales sufren. En ese sentido, toda la manera como se trata a los animales que comemos es un problema.

En este punto de la vida, después de haber estado en tantos lugares, haber escuchado tantas historias, ¿es un sacerdote que sigue creyendo en la forma católica de trascender después de la muerte?

Sí, cómo no. Para mí, la muerte es evidentemente una etapa de la vida. Finalmente, el sentido de la muerte está en el sentido de la vida. Es una cosa que pertenece a la naturaleza, a la normalidad de lo que es una vida humana. Por otra parte, si uno tiene la fe cristiana u otra fe con una referencia a una realidad sobrenatural: no significa el fin de la vida. Por eso no me parece como algo que debemos temer. Debemos morir como hemos vivido la vida.

*

Me dolía la cabeza cuando pensaba que ese cuerpo rugoso decidía afectarse simultáneamente por el sufrimiento de las víctimas de la guerra en Siria, del genocidio en Sri Lanka o de los campesinos ecuatorianos. Al final, ya no seguía la conversación. Houtart se dio cuenta, me ofreció agua y me sacó de mi sopor. Lo acompañé hasta la calle, y cuando tenía medio cuerpo en el taxi, por curiosidad pregunté:

¿Todavía celebra misas?

Sí, pero sobre todo cuando hay circunstancias difíciles. Por ejemplo, casamientos en países comunistas.

Lo dice con la picardía del que no se toma en serio a la autoridad.

Modificado por última vez en Domingo, 11 Junio 2017 20:31
Pablo Campaña

Cronista