Ganaderos y agricultores cosechan sus tierras y toman medidas de prevención frente al coloso.
Ítalo Acero y su familia cosechan cebolla en la comunidad San José, ubicada en los páramos del cantón Quero, en la provincia de Tungurahua. Detrás de ellos, a varios kilómetros, el volcán les recuerda su presencia expulsando ceniza y emitiendo fuertes bramidos, pero ellos no se inmutan.
Acero sonríe mientras que su esposa y sus hijos apuran las tareas. Él justifica su risa indicando que el coloso cada vez que se despierta hace lo mismo. “Eso ya lo vivimos hace varios años y no nos asustamos, los periodistas sí”.
El vivir con el volcán como vecino le dejó una lección: ahora solo siembra cebollas y papas, cultivos que, afirma, tienen una mínima afectación ante la caída de ceniza. Acero continúa con sus labores al tiempo que se prepara para alguna emergencia.
En las zonas altas del cantón Quero ayer, la caída de ceniza fue mínima, casi imperceptible, excepto por el polvo que levantó el viento.
Las actividades en esta zona agrícola de la provincia de Tungurahua se realizaron como de costumbre, sin hacerle caso al volcán que expulsa ceniza y vapor de agua desde hace dos semanas.
En la comunidad de San Pedro de Savañac, zona alta de Quero, Jorge Tucstón remueve la tierra en sus cultivos de cebolla. El hombre relata que en este sitio solo se escucharon fuertes bramidos, pero asegura que no cayó ceniza ni cascajo como en la erupción de 2006.
Recuerda que en esa época sí perdieron sus cultivos porque las piedras los taparon.
El que sí está preocupado por el incremento de la actividad del volcán es José Rosero, quien vive en la comunidad de La Calera, ubicada también en Quero.
Rosero teme que si continúa cayendo ceniza, sus cabezas de ganado se enfermen y no produzcan leche suficiente para vender.
Menciona que desde el pasado 31 de diciembre, en que comenzó a caer ceniza, optó por comprar alfalfa y heno para alimentar las reses.
“Los pastos están cubiertos de polvo y eso daña el estómago de los animales. La carga de alfalfa me cuesta siete dólares, y eso me provoca pérdidas”, añade.
Más abajo, en el sector de El Placer, Carlos Gavilánez y su familia, al igual que Acero, no se sorprenden con la actividad del coloso.
Más bien decidieron cosechar arvejas para venderlas en la feria. “Solo el ruido nos asusta, pero no hay mayores novedades”, dice Gavilánez.
Pese a que la presencia de ceniza es mínima en la zona agrícola de Quero, varias familias de este cantón pusieron a salvo su ganado.
Los ganaderos decidieron llevar las reses a zonas bajas donde, afirman, es menor el impacto de la ceniza.
En el cantón Penipe, de la provincia de Chimborazo, la caída del polvo volcánico dificulta las labores en el campo, pero no las detiene. Muchos agricultores decidieron trabajar en sus terrenos.
Carlos Ballesteros fue uno de ellos. Él cultiva productos de ciclo corto en el sector de Chonglotus, en las afueras de Penipe. Asegura que hasta que las autoridades no hablen de una emergencia, no saldrán de sus tierras.
Amelia Aguilar, quien vive en la comunidad de Bilbao, límite entre las provincias de Tungurahua y Chimborazo, tampoco abandona su labor.
Reconoce que está asustada por los bramidos del coloso, pero dice que no evacuará hasta que exista una erupción como la de 2006.
Aguilar, al igual que los otros agricultores, sostiene que no puede abandonar sus cultivos de tomate de árbol y maíz porque esa es su única forma de mantenerse.
Al igual que en Quero, en las poblaciones de Pillate, El Manzano, Cahuají, Choglontus, Palitahua y Penipe, en Chimborazo, las actividades agrícolas no paran, aunque algunos agricultores empezaron a reservar agua, trasladar a sus animales y a limpiar la ceniza de los cultivos para evitar pérdidas.
Según Nelson Rosero, director del Departamento de Desarrollo Social del Municipio de Quero, habría una afectación de cerca de 8.500 hectáreas, que representa la mitad de la superficie total del cantón.
Galo Sosa
galo.sosa@telegrafo.com.ecQuero, Tungurahua